viernes 20 de noviembre de 2009

A mi lado

Para una tarde de Domingo - © Luzá




No es joven este banco.
Está lleno de recuerdos.
Siéntate a mi lado.
Contémosle una historia
para llenar su futuro
de pasado.

jueves 12 de noviembre de 2009

Es mi mirada la que habla





Gris

... y alguna sonrisa - © Luzá


Hoy un día gris. Apenas tengo lamento para escribir. Tristeza, ruptura, verdades, desilusión... ilusionista soy.

Hoy un día gris. La noche amiga sobre mis hombros y la ausencia, siempre.

Y la Música que cubre mis pesares con dulzura, fiel, idealizada pero cierta.

Hoy un día gris. Me abrazo a su cintura como estas olas que se enredan en la vertiente sur de mis anhelos. Subir a ellas quisiera.

lunes 9 de noviembre de 2009

Bajo la piel

Soledades - © Luzá


Es Domingo por la tarde. Anochece. Hoy el día ha sido tranquilo, sin sobresaltos, como casi todos los domingos. Kilómetros en bici, ausencias no deseadas, sonrisas robadas cuando me acuerdo de ti...

La ciudad comienza a llenarse del alegre murmullo de la gente. No me gusta la ciudad vacía. No me gustan los días vacíos. Sentado bajo esta farola que es testigo de encuentros, de lecturas y de esperas sin fin, escribo pausado en mi cuaderno rojo, con la cámara en el asiento a mi lado, curiosa y atenta. Ante mí caminan las parejas, los amantes furtivos, el solitario y extraño personaje del sombrero de copa, los niños con sus juegos, los grupitos de chavales echándose unas risas, la tristeza en el rostro de la mujer del abrigo rojo, el olor de las castañas asadas, el sonido de los pasos en la acera. Los retrato a todos ellos con palabras. Los lleno de significados e historias inventadas. ¿Por qué no? ¿Cuántas páginas en blanco esperando su oportunidad?

Ven. Siéntate bajo esta farola y háblame de ti. Describe con gestos, en voz baja, tus heridas, las huellas alegres de tu camino, el rincón donde se esconde el deseo más inquieto.

Mira mis manos. Tócalas. ¿Qué hay en ellas? ¿Qué sientes bajo su piel?

Te espero mientras crece la noche, con el cuaderno abierto y mis recuerdos bajo el brazo.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Lluvia

Bágoas de Cristal - © Luzá

Sentada frente al escritorio, observaba el ventanal bañado de lluvia. Las gotas se deslizaban formando pequeños ríos, empujándose unas a otras, haciendo cataratas sobre el vidrio. En época de lluvia, el cielo de las tardes se hacía nubarrones y desataba diluvios de húmeda furia. La tierra se abandonaba al placer de las tempestades. Desde el suelo subía un olor penetrante, anunciador de nacimientos. El paisaje soltaba intensas gamas de verde. Los árboles sacudían las espesas copas, las mojadas cabelleras. Era el tiempo de las orgías de los pájaros; tiempo de correntadas en que la ciudad perdía su fisonomía habitual y convivía con el lodo, las hormigas aladas, las goteras. Los viejos refunfuñaban su reumatismo de huesos húmedos y las camas amanecían frescas, heladitas las sábanas y cálido el lugar de los cuerpos.

La mujer habitada - Gioconda Belli

miércoles 28 de octubre de 2009

Frías tardes de invierno

Tiempo huidizo - © Luzá

Eran tardes frías de invierno. Tardes de caminar sin rumbo, con la mente en todas partes y en ninguna. Con tus silencios a mi lado y ese gesto tuyo al colocarte el sombrero. Tardes por aquellas calles en las que las soledades se amontonaban en las esquinas.

Una vez el parque se cubrió de nieve. ¿Te acuerdas? Yo iba con las botas de montaña y resbalé al intentar cogerte entre mis brazos. Me caí de espaldas y llenaste el vacío con tu risa. Me hizo consquillas en el vientre el mirarte así, feliz y desnuda de miedos. Corrimos luego al hotel a cambiar la ropa y el calzado para llegar a tiempo al concierto. ¿Recuerdas quién tocaba? ¿Y las locuras cometidas en los camerinos con los músicos? Instantes en los que el tiempo tomaba asiento y se alimentaba de nuestros impulsos.

La subida a las murallas, las noches en el Amarillo, las morcillas en la tienda de la calle de la Paloma, el mueso del Arco de Santa María y sus fotografías en blanco y negro, el café donde calentábamos el alma con chocolate espeso.

Eran tardes frías de invierno en las que tú y yo éramos locuras imprevistas, sueños de mañana. Nos nutríamos de corazones atropellados para salvar de tormentas el deletreo de nuestros nombres. Tentábamos a la vida y a sus locas histerias mientras dejábamos las huellas murmurando gemidos en las aceras.

martes 13 de octubre de 2009

Retales de Vigo